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Alcachofas fritas

9 noviembre, 2015
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¡¡¡Atención!!!

Las autoridades pertinentes advierten: Está Vd. a punto de leer un artículo que le generará un profundo deseo de dejar de hacer lo que esté haciendo para irse a su Asador Imanol más cercano.

Dicho esto os hablaremos de las alcachofas fritas.

No de unas alcachofas fritas cualquiera. Las del Asador Imanol (de ahí la advertencia de arriba, para curarnos en salud).

Si ya las has probado sabrás de qué le estamos hablando, y nos comprenderás. Si no lo has hecho, celébralo. Pocas veces le descubren a uno un placer oculto que, lejos de inalcanzable, lo tiene tan accesible como poner rumbo a uno de nuestros asadores.

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Entrante sin igual, guarnición fabulosa, crujiente, sabrosa, digestiva, depurativa y sana… tanto que ni la OMS se atrevería a desprestigiarla. Se trata, sin duda, de una de las delicias de nuestra carta. Otra de las exquisiteces de nuestra huerta Navarra, (como sucediera con las judías verdes Imanol), hortaliza repleta de vitaminas, antioxidantes y minerales, diurética y nuestra amiga contra el colesterol, la acidez de estómago y nos ayuda a prevenir el cáncer.

¿Qué más decir…?

La alcachofa frita es uno de los platos con mejor acogida en Asador Imanol. Como decíamos antes, a modo de guarnición, como entrante, con su sabor “metálico” y acaramelado: combinación explosiva en el paladar, sin más misterio que freírlas en aceite de oliva virgen extra, con un poco de sal. Glorioso.

No podemos por menos que confesar nuestra devoción hacia este plato, tan sencillo como efectivo. Devoción y satisfacción, nuestra y vuestra, pues no hay cliente/amigo que las pida y las coma que no se quede con un buen sabor de boca. Los más nos felicitan abiertamente, otros lo callan, pero nos arrancan una sonrisa igualmente porque la expresión de felicidad se les queda reflejada es sus rostros delata su placer.

No podemos despedirnos sin aclarar la broma con que empezábamos este artículo. No hay tal broma. Los hechos y quienes ya han catado esta delicatesen pueden acreditarlo: si las pruebas repites, y si ya las conoces a buen seguro que estarás rememorando cómo crujen nuestras alcachofas cuando entran en tu boca. Cómo endulzan tu paladar, se expanden por tu boca, sin invadir, sin repetir, repetir… repetir… el único que repetirá serás tú.

Ensalada de tomate rosa

6 octubre, 2015
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Podríamos tirar de hemeroteca para refrescar aquello que os dijimos en agosto de 2013 (ya casi estamos en 2016) sobre “la importancia de tener tu propia huerta” cuando os hablamos de nuestras judías verdes.

Podríamos sacar pecho (y podemos) al referirnos a nuestros proveedores sea cuál sea el producto con el que nos abastecen y que incluimos en nuestra carta (no hay más que mirar las primeras marcas mencionadas en nuestro blog: Pulpo gallego de roca; Johnnie Walker Etiqueta Azul…).

Podríamos hacer hincapié en la importancia de la tierra a la hora de seleccionar el mejor género entre la oferta existente. Capital para nosotros, capital para vosotros.

Pero hoy tiraremos de la sabiduría popular (no del refranero, que ya lo hemos hecho con anterioridad (al hablar del peligro del Low Cost). Hoy rescatamos a un roedor que hizo feliz a más de una generación cerrando cada uno de sus capítulos con su frase “…y no olvidéis vitaminaros y mineralizaros”, Super Ratón.

Frase “simple” que, vista con ojos de adultos entraña un sentido común que de pequeños se nos podía escapar. Un sentido común que, lejos de trivializar este artículo, nos invita a rescatar al personaje justo ahora, cuando el otoño aprieta, para comprender y hacer entender la importancia de la buena alimentación.

Y es precisamente eso lo que hacemos en Imanol: Alimentaros.

Si alguno de vosotros ha hecho un alto en la lectura para decir “en Imanol lo que me hacéis es darme un homenaje”; “Imanol me hace sufrir cuando he de elegir dudando entre su rape y su buey…” Vale, lo aceptamos. Entendemos que eso también lo hacemos.

Pero de fondo, sea con uno u otro manjar, os alimentamos y, a sabiendas de ello, gozamos haciéndolo, porque en el fondo, os cuidamos.

Eso sucede con este producto: el tomate rosa.

Un tomate cuyas matas se remontan hasta cuatro generaciones al contar con un proveedor que recibió las semillas que hoy cultiva de su padre, quien las recibió del suyo y así hasta el tatarabuelo. Eso es tradición, es amor por lo que se hace y es saber elegir lo mejor para que, detrás de una ensalada sencilla, nuestros comensales reciban, a veces sin saberlo, el sabor más puro y tradicional de nuestra huerta, lo más genuino de nuestra tierra y lo más delicioso al paladar.

Generaciones de tradición, sabor y pasión llevadas de la huerta a Imanol.

Como sucedía en un ejemplo muy reciente de nuestro blog, al hablaros de la Guindilla de Ibarra, la materia prima es capital para nuestra carta, para vuestra satisfacción y nuestra tranquilidad.

Pero puestos a ser sinceros, os diremos. Nuestro tomate es feo. Muy feo. Y en su fealdad radica su éxito.

Nuestros tomates son medianos tirando a grandes, y grandes. No hay dos iguales. Unos tienen marcas y otros tienen una forma cuya geometría (o falta de) los hace incalificables. Así son nuestros tomates. De huerto. Tradicionales. Artesanales. Auténticos. No han visto un plástico en su vida. Y decir esto es decirlo todo sobre ellos.

Son todos diferentes porque se cultivan artesanalmente y cada uno crece y se desarrolla a su antojo, como seres vivos que son. Algunos tienen cicatrices porque su piel es extremadamente sensible y finita. Y el pezote es especialmente grande e irregular porque la mata en la que crecen es natural y solo le faltaría ser salvaje para ser silvestre.

Todo esto hace que, por condiciones de humedad, por el sol que reciben, por la tierra en que se cultivan, nuestro tomate concentre su fuerza en su textura y esto repercute, directamente, en su sabor.

De ahí que me acordara de Super Ratón al ponerme a pensar por dónde hincarle el diente al tomate rosa que os servimos en nuestra ensalada en Imanol…

Porque sí, están buenísimos, pero además estos tomates están repletos de vitaminas y rebosan sales minerales.

Si a esto le añadimos que nuestra ensalada incluye salmón, y no cualquier salmón. Ya os hablamos de él en nuestro artículo “1mm de placer…” al hablaros de otra de nuestras ensaladas (la de salmón): Ahumados Domínguez, la joya de la corona del ahumado en España.

La suma de estos ingredientes, todos de primerísima calidad, rebosan salud, sabor y satisfacción. La misma satisfacción que el la que rebosan los rostros de nuestros amigos cuando entrecierran sus ojos al deleitarse con esta sencilla pero perfecta ensalada de tomate rosa, con salmón.

Las Judías Verdes de Imanol Belaúnde

1 agosto, 2013
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Tener tu propia huerta tiene sus ventajas… Y Asador Imanol la tiene. La más importante de todas es saber (y sobre todo comprender) la importancia de la “estacionalidad” de cada uno de nuestras verduras, entre las que incluiremos la judía verde, fabácea (su fruto es una legumbre) primaveral de principios de verano. Es en estos momentos cuando podemos dar el salto de “consumir” al “disfrutar”.

No es lo mismo saber qué verdura se puede comprar en un mercado, como comprender cuál es su mejor momento, cuándo y por qué. Y este es nuestro caso. Por supuesto que podemos consumir judías verdes a lo largo de todo el año. El invernadero o la importación consiguen la ausencia de estacionalidad, pero a costa de pequeños/grandes detalles para el olfato; el gusto; la vista… que obviamente nos perdemos si la verdura que consumimos está fuera de temporada.

Detalles que quizás no son determinantes a la hora de digerirla, pero sí lo son a la hora de disfrutarla y gozarla exprimiendo hasta la última de sus bondades (no podemos olvidar que las judías verdes contienen vitaminas, minerales, ácido fólico, antioxidantes). Y bien lo sabe Miguel Ángel Leal, chef en Imanol Belaúnde, quien nos explica cómo recolectamos nuestras judías verdes -de nuestra huerta en Lacunza, comarca de La Barranca en Navarra; pleno valle de Aranaz- en las fechas adecuadas para ofrecer a nuestros clientes/amigos el mejor género en su plato.

Bueno… Nos explica su procedencia y se nos hace la boca agua escuchando cómo describe el proceso adecuado de cocción de las judías verdes, a las que trata, (igual que al resto de verduras y hortalizas) “ni mejor ni peor que otros restaurantes, sólo de manera diferente”, jugando con diferentes temperaturas del agua para extraerlas todo el sabor salvaguardando su textura y su color.

Y como el resto de la receta (clave de su éxito) no nos lo desveló, tan solo tienes dos maneras de disfrutar las judías verdes en su plenitud: comprarlas en el mercado y combar cada una de ellas con los dedos hasta sentir cómo crujen y se parten por la mitad para comprobar su frescura, o bien dejarte caer por Imanol Belaúnde para gozar con sus sabores clásicos y permitir que Miguel Ángel te sirva alguna de nuestras especialidades en judías verdes, sean frías en ensalada o calientes salteadas con jamón ibérico para disfrutar un momento inolvidable.

Restaurante Imanol
a Olga y María