¡Una de pulpo! (gallego y de roca)

unadepulpo

Ya decíamos “el tamaño sí importa” cuando os hablamos de nuestro txipirón de anzuelo, e insistimos… importa.

Y si no, que se lo pregunten al pulpo de roca gallego.

Un pulpo de arrecife, chiquitito y escurridizo.

Un pulpo que merodea alrededor de su “cueva” y se esconde de sus depredadores, que por el tamaño… no son pocos.

Hablamos de un pulpo cuyo peso puede oscilar entre medio kilogramo y los 600 gramos, lejos de los pulpos grandes (que tienen sus defensores y, ojo, se le puede sacar un gran partido si cae en las manos adecuadas), y lejos también y sobre todo, del polémico pulpito marroquí. Un pulpo corriente, que sea corriente no desmerece a la pieza, el problema es que es un pulpo que se encuentra en fase de crecimiento para hacerlo pasar por el pulpo de roca gallego.

Un pulpo: el nuestro, en tu Imanol, capaz de derretir los mejores paladares.

Por eso nos preocupamos por seleccionarlo para llevárselo a la mesa a nuestros queridos comensales porque tenemos, y no desvelamos secreto alguno al volverlo a confesar… tenemos la manía de conseguir que vengáis a nuestros Imanol con la única preocupación que ver “qué como hoy”.

Abrimos paréntesis para citar, de pasada otros ejemplos de nuestra carta que respaldan nuestra “manía” y seguridad de no ofreceros más que primera calidad: morcilla de Beasaín, el buey: nuestro Rey… y tantas muestras que os hemos ido dando a lo largo de nuestra trayectoria en De pintxos y Tapas (el blog de Imanol) y, sobre todo, que habréis podido disfrutar en nuestros asadores.

En seguida daremos unas pinceladas sobre nuestra receta para el pulpo de roca, no todas, pero sí las suficientes como para haceros salivar.

Pero primero hemos de recalcar por qué insistimos tanto en la calidad de nuestro producto. Ya hemos apuntado una de las polémicas que rodean a nuestro protagonista, su dudosa procedencia en más de un destino, su escasez y el tamaño.

Y así con todo, a pesar de todo, y por encima de todo seguiremos esforzándonos para serviros en la mesa el mejor género de la hostelería madrileña y española, porque vosotros, lectores y amigos de los Asadores Imanol lo merecéis y, como es de recibo, exigís cuando pasáis el umbral de uno de nuestros Asadores, a sabiendas de que somos una apuesta ganadora precisamente por nuestra “manía” de ofreceros solo lo mejor.

unadepulpo02

Un pulpito abierto al medio, servida media pieza después de haber sido marcado a la plancha por ambos lados, a fuego fuerte, para terminar “boca abajo” en la parrilla los siguientes ¾ minutos.

Uno de los trucos o detalles esenciales para no fallar con esta receta será no tardar más de 4 minutos en tener el pulpo de roca en la mesa desde que ha sido sacado de la parrilla y para extraerle todo el sabor mientras persiste fresco el aroma. De remate, a modo de guarnición, un cordón de patata (gallega también), con los ingredientes estrictamente necesarios, como son: agua, aceite de oliva virgen y pimentón de la Vera.

Cuidar nuestros productos es cuidar a nuestros clientes.

De armas tomar

chuleton cuchillo

Si has tenido que llamar al camarero para que te cambie el cuchillo porque estabas arruinando un chuletón intentando cortarlo es porque no estabas comiéndolo en uno de nuestros Asadores Imanol.

Y lo sabemos por dos cosas:

  1. Nuestros cuchillos son los mejores
  2. Nuestros chuletones no son “un chuletón”, si no “el mejor chuletón”

¿Y cómo podemos asegurarlo?

Seleccionando lo uno y lo otro a mano, artesanalmente. Si el chuletón que ofrecemos es tan bueno y tan apreciado por nuestros amigos comensales se debe al inmenso esfuerzo que realizamos buscando el mejor proveedor y seleccionando las piezas una a una, día a día para ofreceros el género más selecto y supremo.

Sabemos, como expertos en materia gastronómica y culinaria, que incluso el mejor chuletón se puede arruinar si el cuchillo no es el adecuado, un detalle “menor” para los más pero transcendental para Imanol. De nada servirían todos los esfuerzos ya mencionados si los utensilios que os proporcionamos para degustarlos no estuvieran a la altura.

Igual que decantamos el buen vino en la copa adecuada, os brindamos este cuchillo hecho a mano, artesanal y de primerísima calidad para no desentonar con la pieza que más gusta de nuestra carta. Un esfuerzo generoso por nuestra parte porque entendemos que bien lo valen nuestros comensales.

Tener que hacer fuerza; tirar con el tenedor para tensar la carne y rasgarla de mala manera hará que toda la experiencia (que debería ser maravillosa, rozando lo litúrgico) se diluya con cada esfuerzo por cortar la carne. Y sabemos también que, si se corta mal, se mastica peor y la digestión no es la adecuada.

Eso no te pasará en Imanol.

Sabéis apreciar el género con que os agasajamos e igualmente sabéis valorar nuestros esfuerzos por hacer de la ingesta de éstos una experiencia impar. Esas felicitaciones y agradecimientos son precisamente las que nos han impulsado a escribir este artículo para ensalzar nuestra (como dirían en el Madrid del Siglo de Oro) “ferretería” (en nuestro siglo: cubertería).

La cumbre de nuestra carta: “Nuestro Rey: el buey” es la mejor pieza de carne roja que encontrarás en un restaurante. Sabedores de cuán importante es la experiencia en su conjunto, no solo comerlo, si no hacerlo con facilidad, comodidad y ambientando la experiencia con el utensilio adecuado, nosotros te acompañaremos nuestras suculentas carnes rojas con los mejores cuchillos del mercado.

La relación del ser humano con el acero (“acies” o filo de arma blanca) se remonta a tres mil o cinco mil años dentro de nuestra evolución.

Hemos avanzado y la prueba la tenéis en Imanol. El “cuchillo” existe desde que nos alimentamos con carnes rojas y obtenemos sus proteínas para ayudarnos a seguir evolucionando. Huesos; palos afilados con fuego; piedras; sílex a modo de bifaces; hierro primero y acero después… todo un proceso evolutivo que nos lleva hasta el Asador Imanol en el que la pieza no tendrás que cazarla ni despedazarla. Tan solo cortarla sin esfuerzo, como si se tratara de mantequilla, con nuestros cuchillos y saborearla.

Bonito de temporada

bonito de norte

Hablar del bonito del Norte, (de temporada, de “la costera” en breve os explicaremos todos estos nombres), es hablar de salud.

Probablemente estemos ante uno de los alimentos más sanos y nutritivos de nuestra dieta, y cómo no, es uno de los pilares de la dieta mediterránea: la más sana de todas (sin olvidar la japonesa, también sana aunque no tan variada como la nuestra, que también tira del atún (aunque en este caso hablaríamos del rojo, procedente del Mediterráneo y no del que nos concierne: el Cantábrico)).

Hablamos de la pesca más tradicional de todas, la que hacen las flotas pesqueras vasca y cántabra, con caña y cebo vivo de toda la vida. ¿Por qué comentamos el método de captura? Bien sencillo: este trabajo artesanal, amén de más arduo y complicado que el arrastre permite seleccionar las piezas óptimas; evitar pescar piezas pequeñas; evita destruir el fondo marino y evita la pesca de otras especies al ser pescados, los bonitos, uno a uno y a mano.

Si a todo este despliegue de valores respetuosos para con la naturaleza le sumamos todas las propiedades que posee el atún… desde el punto de vista del sabor y de la salud… comprenderemos que sea una pieza tan celebrada porque reúne todo cuanto se puede desear.

bonito2

Por fin podemos ofreceros (fuera de carta) nuestro sabroso Marmitako acompañado con cachelos de patatas gallegas, también de temporada que darán el cuerpo necesario al caldo/guiso para bien acompañar tan suculento manjar.

Nuestro famoso Pisto norteño que bien hace las delicias de los paladares de todos vosotros presentado en tacos dorados por fuera (con una película de harina) y casi crudos por dentro. En Imanol realzamos el sabor de este pisto rebajando la berenjena y dando protagonismo al calabacín.

El truco para que la experiencia del bonito sea redonda en el paladar, sea acompañado de guarnición o guisado radicará, siempre, en no enmascarar el sabor exclusivo de nuestra pieza de atún cuando nos lo llevamos a la boca.

Para mejor entender los nombres o sobrenombres que le daba al principio, comentaros que este atún (el bonito del norte, o atún blanco) pasa el invierno en Las Azores y llega a finales de primavera a las costas del Cantábrico, en su estado de salud, peso y desarrollo óptimo para su captura  que se prolongará hasta el mes de septiembre.

En su largo paseo marítimo se alimentará de caballas, sardinas, arenques, calamares y, una vez al norte de España, desde que entra por Galicia, de crustáceos… para colmo de sabores.

Empiezan a llegar las primeras piezas y poco a poco van rectificando sus tamaños hasta hacerse uniformes, momento definitivo en el que la flota de atuneros habrá localizado el banco de bonitos del norte y comience oficialmente la temporada, a cuyas puertas nos encontramos si no de un modo oficial, sí oficioso.

Txipirones de anzuelo en Asador Imanol Diversia

chipirones txipirones anzuelo

El tamaño importa…

De ahí nuestra pasión por el txipirón de anzuelo. Porque es “pequeñito”…

Y alguno se preguntará… ¿Por qué importa el tamaño del txipirón?

Precisamente para eso estamos aquí, para explicároslo y razonarlo de modo que la próxima vez que os paséis por nuestro asador en Diversia, que no obstante acaba de recibir el Certificado de Excelencia 2015 de TripAdvisor, lo podréis no sólo comprender sino también disfrutar.

La textura del txipirón tiene un punto de inflexión en su crecimiento,  aparentemente igual (en lo visual) en el que, una vez crecido (diríamos que “demasiado crecido”), adquiere una densidad que, mal tratado podría convertirse en correoso.

¿Por qué?

Porque lo normal es que para cocinarlo haya que cortarlo, como poco en dos, cuando no en láminas. Y esto conlleva un problema: cuantos más tajos metamos a la pieza, menos líquidos (jugos) propios retiene y tiende, como es natural, a deshidratarse al elaborarlo. Esto hace que pierda suntuosidad y resulte incómodo masticarlo. Es la pescadilla que se muerde la cola: se endurece porque se corta y para facilitar su masticación… se corta más.

Esto no pasa con el txipirón de anzuelo, precisamente por su tamaño reducido. Lo cual nos permite elaborarlos de una pieza, sin mediar tajada ni corte alguno.

¿Resultado?

En Imanol Diversia te preparamos un Txipirón pequeñito que cabe de una pieza incluso en la boca. Esto hace que retenga todos los jugos dentro de su cuerpo y sea al mordelo, en boca, cuando recibamos una ráfaga de sabor que nos hará apreciar el verdadero sabor y su verdadera textura.

Esto en cuanto a cómo preparamos la pieza, pero recordemos que este txipirón viene acompañado por una salsa…

chipirones txipirones anzuelo

Si a lo ya contado añadimos que prescindimos de harinas al elaborarlo, por mucho hacerlo nos limitamos a “saltearlo” haremos que el txipirón “se selle” sin perder ni una gota de jugo, y a la par evitamos que se tense la carne (proceso común si  pensamos también en pescados y en carnes) y que se espese la salsa.

Lo único que apartamos del txipirón son las patitas, los tentáculos, con el objeto de desmenuzarlos y sumarlos en la salsa/guarnición a base de verduritas (cuantas menos mejor; ajo, cebolla y pimiento verde) y su propia tinta.

¿Por qué pocas verduritas?

Para no enmascarar el sabor original. Se trata de acompañar, no de cubrir el sabor a mar con sabor a huerta.

Sumando la “escasa” guarnición, la inclusión de los tentáculos en esta, junto con su tinta, el uso de un buen fumet para reducirla y darle sabor (el fumet de rape le viene como anillo al dedo) y sobre todo, por encima de todo mantener de una pieza al txipirón: el sabor a mar, a sales y a yodo está garantizado cuando nos lo llevemos a la boca.

Imanol Diversia obtiene el Certificado de Excelencia 2015 de TripAdvisor

Certificado Excelencia 2015 TripAdvisor

Recientemente en Asador Imanol Diversia hemos sido galardonados con el Certificado de Excelencia 2015 otorgado por Tripadvisor, la mayor web de viajes del mundo.

Este galardón se otorga en reconocimiento a la excelencia en la labor hostelera y sólo se concede a los negocios de hostelería que reciben constantemente opiniones excepcionales de los viajeros en TripAdvisor.

Para obtener este Certificado de Excelencia, Tripadvisor utiliza un algoritmo exclusivo que tiene en cuenta los diferentes contenidos que generan los usuarios. Entre ellos, se incluyen las puntuaciones de las opiniones, la puntuación general, y la cantidad de opiniones y lo recientes que estas sean. Las empresas deben haber mantenido una puntuación general de cuatro puntos o más, sobre cinco, en base a las opiniones de los viajeros en TripAdvisor recibidos en los últimos 12 meses.

Ganar el Certificado de Excelencia de TripAdvisor es un auténtico orgullo para todo el equipo de Asador Imanol y queremos agradecérselo a los clientes que se tomaron la molestia de dejar una opinión en TripAdvisor, no puede haber mayor satisfacción que el reconocimiento de los clientes. Recibir el Certificado de Excelencia de TripAdvisor basado en las opiniones de los clientes es un extraordinario voto de confianza a nuestro negocio y nuestro compromiso continuado con la excelencia.

Os animamos a todos los que no habéis dejado aún vuestra opinión, comentario o foto a que lo hagáis en TripAdvisor para cualquiera de nuestros asadores Clic aquí.

Muchas gracias a todos los clientes que han dejado sus comentario, positivos y negativos, estos últimos nos incentiva a seguir mejorando día a día en busca de la consecución de la excelencia.

 

La mujer Imanol

la mujer Imanol

Atrás quedaron los tiempos de la mujer florero.

Lejos, muy lejos afortunadamente. Los tiempos en que las mujeres temían a la primavera porque se convertía en la antesala del sufrimiento: la operación bikini. Y todo para lucir palmito y recibir la desconsiderada aprobación de sus parejas respectivas.

La mujer Imanol tiene ya muy superado ese estereotipo femenino que tanto daño ha hecho a la mujer.

Nuestras mujeres, amigas y clientes, se enfundan falda y/o pantalón, se suben a sus tacones, se cruzan la chaqueta y salen a batirse el cobre día a día.

Lo vemos a lo largo del año, eso se percibe y se agradece. La mujer ya no se limita a reiterar las bondades de un vino. Será bueno o malo, según su paladar, y si no convence, lo echa para atrás.

La mujer Imanol saborea y degusta un buen vino con la misma satisfacción que se enfrenta a nuestras carnes rojas. Sin ser ni más ni menos que el comensal masculino que la acompaña.

Afortunadamente, como decíamos al principio, esos arquetipos están superados, y con creces. La mujer que esperaba en casa con la comida caliente a la llegada de su marido es un recuerdo en nuestra memoria. Un recuerdo que no habremos de olvidar para que no se repita. La mujer de ahora, la “mujer Imanol”, reserva mesa desde su despacho, acude en su coche, lo aparca y se adentra en nuestros establecimientos en busca del placer sensorial que implica comer en cualquiera de nuestros asadores Imanol.

Se le cierran los ojos cuando degusta un vino bien decantado, presaborea las carnes al verlas crepitar en su mesa y se abandona a una buena charla con sus comensales al término de su comida.

Quizá, por mucho decir, podríamos afirmar que se cuida mejor que el hombre. No deja de comer para la llegada del verano, por ejemplo. Se dosifica mejor y planifica su alimentación con perspectiva a sabiendas de a dónde quiere llegar y cuándo.

Para ello seguirá degustando nuestra parrilla, intercalando carnes y pescados con algunas verduras más, con su pizca de sal Maldon y su chorrito de aceite de oliva virgen. Se cuidan más, pero no se torturan.

Para ello cuentan con un gran aliado en Imanol, Carta Asador Imanol. Y lo saben.

Cremas frías de calabacín; de puerro (Vychissoise); de batata y de melón… Cogollos de Tudela con ventresca; Espárragos de Lodosa (y/o trigueros) o salmorejo. Sin dudar en rematar una gran comida dándose el gustazo de estimular su digestión con un cóctel de nuestra casa: mezcla entre dulce, salado y picante, capaz de quemar calorías en boca y mejorar nuestras sensaciones digestivas.

Como decíamos, se cuidan, sí. Pero no se martirizan porque saben a buen seguro que los pocos o muchos excesos que puedan darse al comer lo quemarán con creces a su vuelta a la oficina, o, y cada vez más, cuando salgan de esta y se paren su par de horas de rigor en el gimnasio haciendo ejercicio aeróbico y/o enfundándose sus zapatillas de running y poniéndose la ciudad por montera.

Esa es la mujer Imanol de la que nos sentimos orgullosos.

Morcilla de Beasaín… ¡de campeonato!

Morcilla de Beasaín

Hoy os vamos a hablar de un producto estrella, como no podía ser menos tratándose del género que gustamos ofreceros en los Asador Imanol.

Un producto campeón para paladares campeones: ¡los vuestros!

Hace ya un año os hablamos de nuestra Txistorra Asador Imanol, (el blog del Asador Imanol: De pintxos y tapas cumplirá 2 años el próximo mes de junio, y parece que fue ayer cuando empezamos a darle forma…)… unas txistorras que hacen las delicias de nuestros comensales. Pues bien… cambiamos de producto, cambiamos de receta (en este caso: recetas) pero no cambiamos ni de fabricante ni de origen del mismo…

¡Nos vamos a San Sebastián, con la familia Olano!

No seremos nosotros quienes os descubramos las bondades culinarias del nicho gastronómico que supone esta región, ni mucho menos. Ni de sus materias primas ni, para qué negarlo, del nivel de su hostelería, famosa (merecidamente) en todo el mundo. Entre otras cosas porque no hacemos más que valorarlo y comentarlo desde el primer día: gastronomía vasco navarra en el corazón de Madrid

Como os decíamos, vamos ver de dónde proviene uno de los platos, o mejor dicho “ingredientes” estrella de nuestra carta, (puesto que la servimos de diferentes maneras… frita y/o en revuelto): la morcilla de Beasaín, (o morcilla de verdura), cuya peculiaridad principal no es otra que haber eliminado el arroz a favor del puerro, cosa que suaviza, aligera y mejora la experiencia del consumidor al rebajar la consistencia del producto y mejorar su digestión aportando, de paso, ciertos matices dulzones propios del puerro.

La transparencia es la clave de la familia Olano, quienes no dudan en compartir los ingredientes de su morcilla de Beasaín (cebolla (50%); puerro (10%); manteca de cerdo (40%); sangre de cerdo, tripa de vacuno, sal y orégano) e incluso sus proporciones dentro de la receta. Esto connota confianza en si mismos y en su mano profesional que es la que sabrá darle los toque y matices necesarios para aunar esos ingredientes en un todo que es su receta única, artesanal e incomparable. Una receta heredada (no obstante está presente en la familia en las dos últimas generaciones) cuya única mejora, si cabe, es la de las materias primas con que la elaboran.

La fabrican ellos, en su carnicería de Beasaín, Guipuzoca. Ya lo decíamos, de manera tradicional, artesanal y a mano, por lo que el número de unidades es muy reducido (al no contar con una producción industrial) y solo la podremos encontrar en los mejores restaurantes de España, y entre ellos en los Asadores Imanol.

Nos encontramos pues ante un producto de primera, y nos remitimos a los hechos y a los datos para sostener semejante afirmación: la morcilla de Beasaín ha resultado ganadora en nueve ocasiones el concurso de morcillas de Beasaín, ahí es nada (con un promedio de quince o dieciséis participantes por edición (cuatro de ellos del propio Beasaín)).

Hemos dicho que es una receta tradicional, que la elaboración es artesanal y por tanto reducida y que la puedes catar en los mejores restaurantes… Pues bien, eso no es todo: esta morcilla hace las delicias de nuestros primeros gastrónomos y cocineros. Los Arzak; Martín Berasategui en incluso el paisano Arguiñano no han dudado en tirar de este manjar para reforzar las cartas de sus propios restaurantes, a modo de entrantes, guarniciones, platos únicos, sopas… No son pocas las alabanzas que esta morcilla de Beasaín ha recibido (y todas por mérito propio) de tan distinguidos personajes, unas veces enfundados en sus mandiles con el producto en los fogones, otras encumbrando a nuestra protagonista entregando galardones (y ha cosechado una buena ristra) a la familia Olano, los Reyes de la Morcilla de Beasaín…

Siguiendo la estrella…

estrellas

El día en que el ser humano alzó su mirada y la posó en el firmamento debió perder el aliento.

Millones de años andando mirando al suelo y de pronto descubrimos un cielo profundo, preñado de estrellas que brillan, suspendidas en el aire, sin criterio que lo respalde, por antojo de no sabemos quién o qué… flotando. Unas veces encendiéndose y otras apagándose. En cualquier caso con una lógica y una ciencia que se nos escapaba.

Pasaron los siglos, por millones… Y si bien seguíamos sin discernir la lógica de esas estrellas, sí empezamos a comprender su naturaleza y sobre todo el uso que podríamos darle. Si miras a las estrellas puedes marcar un rumbo.

Y saltamos a la mar.

Y la surcamos.

Y la sometimos a fuerza de escuadra y cartabón; de sextante y brújula…

Y todo esto… mirando las estrellas.

Qué digo mirando… siguiéndolas.

Los hitos más grandes de nuestra humanidad han pasado bajo una estrella. Sin ellas nuestros Reyes Magos nunca habrían adorado al niño Jesús…

Tan importantes son éstas: las estrellas, que ha dejado de ser un sustantivo para convertirse en adjetivo para los ídolos actuales, quienes son englobados como estrellas porque brillan en el firmamento mediático en que estamos imbuidos. Los cantantes de Rock son estrellas y los clubes de fútbol más afamados lucen sus estrellas en sus uniformes reclamando el valor de su Historia y trayectoria.

Los rangos por estrellas son por todos conocidos. Por aquellos que reconocen y comprenden la autoridad moral de una jerarquía sembrando de estrellas las hombreras de nuestros distinguidos generales, a los que viven sumergidos en ideas revolucionarias y revientan los cimientos de la sociedad bajo las cinco puntas de una única estrella.

Todas estas estrellas. Todas… tienen una lógica objetiva… están sujetos a las leyes de la naturaleza o a las leyes de la humanidad.

Todas las estrellas.

No.

No todas.

Siempre hay una excepción y en nuestro campo es la Estrella Michelín.

La suma de todas sus estrellas nos arrojan una constelación de 27.022 restaurantes laureados, (porque “estrellados” daría lugar a dobles interpretaciones), que sirven de referencia para todos los navegantes gastronómicos del s.XXI, que no son pocos.

Esta guía (la gastronómica) no responde a un criterio objetivo. Esta vez es subjetivo. Alguien pone y quita estrellas. Alguien lanza a un restaurante al estrellato o estrella sueños, sueldos e ilusiones contra el suelo.

Restaurantes, todos ellos, dignos de grandes alabanzas. Sin duda. Por mérito propio. Por gusto. Por estilo. Por innovadores o por tradicionales. Todos ellos merecedores del prestigio que otorga la concesión de una estrella.

Pero volvemos a lo mismo… ¿quién nos dice que no hay otros merecedores de esa estrella? O… ¿Esta estrella refleja fielmente las corrientes gastronómicas? Porque sabemos que una estrella puede darte de comer o echarte el candado, tal es su peso. Estrellas concedidas arbitrariamente por personas como nosotros, que a buen seguro tendrán familias a las que alimentar: como nosotros. Amigos con los que relacionarse: como nosotros, colegas de trabajo que trabajan de sol a sol para capear crisis, buenas y malas rachas defendiendo su puesto de trabajo: como nosotros…

Y todos ellos: como nosotros… preguntándonos la naturaleza de la Estrella Michelin. Sello de calidad por un lado, por lo menos en cuanto a los (escasos) restaurantes españoles que han sido reconocidos, y producto del Marketing por otro. Lo uno lleva a lo otro. Y ojo, no lo criticamos. Tan solo nos preguntamos si están todos los restaurantes españoles de gran calidad que “son”, o si son solo los que están…

Felicidades para todos los que están presentes en dicha constelación y, recordaros, que fuera de las estrellas también hay firmamento y que, sin éste, las estrellas se caerían.

Arroz con leche

arroz con leche

Este artículo se lo dedicaremos a una receta de toda la vida, de las que nuestras abuelas nos preparaban con cariño cuando nos recibían en la puerta de la casa con un aroma que invadía todo el lugar con matices de canela y cítricos.

Hablamos del arroz con leche, una receta que tiene tantas variaciones que para escribirlas todas necesitaríamos publicar un libro y a buen seguro tendríamos que irlo ampliando edición tras edición.

Así pues, como la receta tiene unos ingredientes comunes sea cual sea su procedencia (Asturias o en Andalucía), se puede servir en frío o en caliente… Aunque no solo se da en España, también lo encontraréis en todos los sitios que hayan formado parte de ella: el Perú, Colombia… con sus matices locales y sus adaptaciones a los diferentes paladares… así que para centrarnos nos ceñiremos exclusivamente a nuestro arroz con leche, el de nuestro Asador Imanol en el Paseo de la Habana, para delicia de quienes ya lo hayan probado (al rememorarlo) y dar alguna idea a quienes hayan hecho su reserva (o piensen hacerlo en breve) para comer en nuestro/tu Asador.

La receta es tan básica que consiste en apenas tres pasos: calentar leche, hervir el arroz en ella y dejar que cuajen ambos. Pero es precisamente en esta sencillez donde radica su éxito y hará que podamos hacer multitud de arroces iguales y todos resulten diferentes.

Al mencionar “cítricos” hablamos del limón o la naranja, pero admite mandarinas también, el arroz suele ser “redondo”, pero el Bomba no se queda a la zaga. Podemos usar azúcar o edulcorantes, y rematar la receta con canela en rama, vainilla e incluso chocolates… Tal es su adaptación a nuestros paladares.

En Imanol Paseo de la Habana hemos optado por mantenernos fieles a la receta original del arroz con leche rematándola con un detalle exclusivo al final: flambeamos el arroz (sin alcohol) para lograr un matiz caramelizado que contraste y resalte la melaza del arroz que ha cogido cuerpo dejándolo enfriar en la misma leche que lo hemos hervido hasta hacerla desaparecer absorbida en los granos de arroz.

Un toque peculiar y característico de nuestro/tu Asador que hace las delicias de los paladares de nuestros amigos y comensales.

Viajar al pasado y pasarlo… “bomba”

Pintxo de huevo y patata Imanol bomba

Hoy os invitamos a cerrar los ojos.

Queremos que confiéis en nosotros y os dejéis aconsejar.

Vamos a llevaros al pasado. A vuestro pasado.

La gastronomía produce sensaciones que nos acompañan a lo largo de toda nuestra vida, y cuanto más tempranas y profundas sean, más marcadas se quedan en nuestra memoria para siempre.

¿Qué puede haber más evocador que el sabor de unos huevos fritos con patatas hechos por nuestra madre cuando éramos unos críos? Llegar del colegio con el tiempo justo para comer y volver a clase: sentarte en la mesa con los pies colgando y oler antes que ver y saborear esas patatas recién fritas escoltando a dos huevos fritos con puntillitas…

Pues bien…

Ya no es colegio, es oficina. Y no será nuestra madre, si no el gran equipo de nuestro Imanol en Diversia quienes aceptan el reto de hacer que ese ratito que tienes antes de volver a la oficina lo dediques no sólo a alimentarte, también a deleitarte. ¿Y cómo? Llevándote a tu infancia para que te lo pases “bomba”.

Porque Bomba se llama el plato que te presentamos…

Verás llegar un nido, para sorpresa tuya, y en él un regalito. A priori pensarás que parece un rollito, pero más pequeño y cuadrado. Pensarás qué buena pinta tiene el hojaldre… pero no… aguanta, permite a nuestro camarero que te indique que lo has de comer de un único bocado, meter la pieza entera dentro de tu boca, morder y sentir la explosión de sabor y texturas chocando contra tu paladar y derramándose por tu lengua.

No es hojaldre, pensarás con sorpresa, y bendito sabor de toda la vida cuando comprendas que era patata y dentro de esa patata frita la yema de un huevo…

Para cuando lo hayas descubierto los sabores se habrán conjugado adecuadamente dentro de tu boca, y ésta, por fuera, dibujará una sonrisa de placer y nostalgia.

2, 3 segundos…

Pero te ha dado tiempo para ver las paredes empapeladas del comedor de tu hogar, cuando eras pequeño, a la derecha, de fondo, se escuchaba suavemente el Telediario, en blanco y negro, y en todo el comedor flota un ambiente a infancia, a ingenuidad, a alegría perenne y a saberte arropado por los tuyos, y tú pasándolo bomba.

No podremos sustituir a tu familia, ni lo pretendemos: craso error sería hacerlo. Pero sí queremos que nuestra casa, Imanol, sea tu casa, o ese rincón en el que lejos de ser un extraño te sientas como de la familia, por el trato, el ambiente y nuestros sabores de toda la vida entre pintxos y tapas; raciones y delicatesen como esta “bomba” de sabor, y quizás, también, con suerte “bomba” de emociones gastronómicas.

Será la misma receta y diferente al mismo tiempo. El mismo sabor de toda tu vida, la patata frita pero, previamente hecha puré y deshidratada combinada con una yema pasteurizada, cosas del futuro habrías pensado cuando niño, pero no, del presente, aunque sepa a pasado.

Debemos tan rica (y original) receta a Senén González, cocinero y fundador de Sagartoki, en Vitoria Gastéiz, afamado y premiado en el mundo entero.

Restaurante Imanol
a Olga y María